Aún no puedo decirte lo que ocurrió en esa noche de invierno.
Cierto es, que el frío era penetrante y el viento ensordecedor.
Cierto es, que las olas bravías ponían precio a mi efímera presencia…
No puedo contarte a qué sonaba el silencio.
A qué olían las flores del parque.
No puedo, ni siquiera contarte, lo que sentí al verte desnuda sobre la hierba…
Sólo te diré, que el color de aquella piedra que colgaba de tu cuello, se tornó granate.
Que tus mejillas con las mías, ya no emanaban calor.
Que tu aliento, ya no era fresco…
Sólo te contaré, que aún en mi piel, tengo tus uñas marcadas, y el rojo de tus labios
en mi cuello.
Te diré, amiga mía, que como tú no hubo jamás nadie.
Que esa madrugada, no llegué a la cita y se paró mi reloj de arena, siendo otro el que
pagara por mí.
Sólo ahora te contaré, que te busco en cada amanecer y que mi cuerpo gravita en el
olvido de tu belleza serena, ya dormida para siempre.
Aquí, de rodillas sobre este mármol frío y despiadado, te diré, que te odiaré y te
recordaré.
_Alma Buruki_
